viernes, 18 de abril de 2014

Mis primeras experiencias escalando

Cuando hago algo siempre soy la mejor. No es por necesidad de ganar todo y ser la numero uno, solo me gusta saber que puedo ser mejor en algo cuando me lo propongo. Imagínense mi sorpresa cuando empiezo a escalar y, ¿que creen? ¡Apesto! Con F de foca. 

Empecé a escalar un lindo 11 de febrero del presente año en la Escuela Naciones Unidas, no duré ni un cuarto de travesía con Sombra; y subiendo… más que patético, pero me dije “En una o dos sesiones verás como mejoras, será pan comido”; que incrédula.

Como muchos sabrán que en Venezuela, mi país, el 12 de febrero de 2014 empezaron una serie de disturbios tanto en la ciudad de Caracas como en distintos puntos de todo el territorio nacional. Los que no son relevantes aquí pero de los se deberían enterar en el siguiente link, o en Google, Twitter, etc. El caso es que, deje de ir. No podía ir, tanto por protestar como por no poder acercarme por las protestas, y si lo admito, a veces por no querer. Pero no fue hasta el mes siguiente que volví a ir, y fue otra historia. 

¿Qué como fue? ¡Ja! HORRIBLE, espantoso, vergonzoso. Hace años que no pruebo hacer algo nuevo, y me refiero a de verdad a hacer algo nuevo; no a eso de pintarme las uñas de color cereza en lugar de rojo. Algo nuevo en serio, con todas las de la ley. Lo sé, uno no nace aprendido pero en mi defensa I’m the biggest Smartypants I ever had the privilege to meet, y no miento. Me caía, me dolían los brazos, me ardían las manos por el roce de las presas, me daba miedo que la cuerda se rompiera por no soportar mi peso (de escasos 43 kilos), me intimidaba la altura… y que todos me vieran. 

Saber que puedes ser observada en una actividad nueva no es muy motivante, sobretodo si los espectadores son veteranos con años de experiencia y tú llevas haciendo esto por casi una hora. Lo que realmente hizo de esta vez una historia diferente fue que estaba clara que ni soy la mejor, ni seré la mejor escalando o en cualquier cosa que haga. Y que aprendí que no quiero aprender a escalar para ser la mejor, sino porque lo disfruto, me gusta la sensación de superación que sientes cuando no puedes subir una puta presa y en la siguiente vez la pasas sin problemas y te das cuenta de que no era porque no eras capaz sino porque no querías ser capaz [en algunos casos]. 

Lo realmente fascinante de mi experiencia fue el momento en el que vi un ligero ápice de mejoría, que en lugar de caerme en el mismo sitio donde me caía haciendo travesía desde hace 3 semanas, ¡lo pasas! Para caerte en otro lado, pero aun así Awesome! Decirte a ti misma –No apestas tanto, realmente puedes llegar a ser buena en esto-. Y que a la siguiente sesión ese umbral lo pasas sin problema, y que en la siguiente pase lo mismo. 

Necesitaba eso. Humildad. Humildad para darme cuenta de que la mejoría se consigue con esfuerzo, no porque te provoco ir a escalar un día. Desafiándote constantemente, planteándote metas con intención de cumplirlas,  y sobretodo relajándote, ¿si no lograste pasar el punto que te habías propuesto que es lo peor que puede pasar? Nada, no se acabara el mundo, no te morirás ni te pasará algo porque no lo hiciste. Solo tienes que esforzarte un poco más… 

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